Por. Alfonso Madera Martínez.
👉 Llegar cuando todo ya está hecho es fácil. Lo difícil es construir desde cero, sostener una organización en la adversidad y mantenerla viva cuando no hay reflectores.
Eso es justamente lo que hoy está ocurriendo con Construyendo Solidaridad y Paz, una organización que está a un paso de convertirse en partido político y que, por su avance real y cumplimiento de requisitos, se ha vuelto atractiva para quienes antes no estuvieron.
Hoy, cuando solo faltan detalles y la ratificación formal del Instituto Nacional Electoral, todos quieren pertenecer, todos quieren liderar. Y eso no vale. No se vale que quienes no pusieron los cimientos pretendan acreditarse el liderazgo de un proyecto que costó meses de trabajo, desgaste y compromiso a sus verdaderos fundadores. No se vale que aparezcan oportunistas políticos queriendo agandallar lo que no construyeron.
Entre esos intentos destaca David Valenzuela, personaje con antecedentes claros y públicos. Militó en el Partido de la Revolución Democrática y terminó siendo parte de una de las etapas más desastrosas de ese instituto político. El resultado está a la vista: el PRD desapareció. Ese es un hecho, no una opinión.
Si su liderazgo hubiera sido efectivo, las siglas del sol azteca no habrían terminado como terminaron. Esa es su carta de presentación, su currículo político real. Y hoy pretende llegar a Construyendo Solidaridad y Paz como si nada hubiera pasado, como si el historial no pesara.
David debe aprender hacer equipo y trabajar respetando jerarquías para dar resultados; hay que reconocer que CSP ya tenía dirección, estructura y liderazgo antes de su llegada, Fueron otros quienes sembraron, alimentaron y sostuvieron este proyecto cuando no había beneficios ni futuro inmediato garantizado.
Hoy que la organización está por convertirse oficialmente en partido político, no se vale el manotazo, no se vale el oportunismo ni la ambición disfrazada de liderazgo.
Construyendo Solidaridad y Paz ( CSP ) no necesita reciclaje político ni figuras con antecedentes de fracaso. Necesita coherencia, memoria y respeto a quienes sí estuvieron desde el inicio.
El liderazgo no se hereda ni se impone: se construye.
Y quien ya hundió un partido, difícilmente puede prometer llevar otro a buen puerto.